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Escrito para la revista "Appollon"
Al igual que la muerte y los impuestos, el mal
comportamiento de la juventud, se dice, es algo inevitable. Desde
Ovidio hasta Shakespeare encontramos quejas sobre la actitud
desafiante de la adolescencia respecto a la autoridad ya sea
cívica o paterna; y la vida entre los estudiantes de medicina
de la Universidad de Montpellier en el siglo XVI, segun cuentan
las airadas crónicas, era tan ruidosa como la Facultad
de Medicina de Harvard lo es hoy en día. “La juventud”,
decía cansinamente Oscar Wilde, “se desperdicia
en los jóvenes”. El fenómeno conocido como “abismo
generacional” tuvo su más claro exponente en los
años 60, cuando la distancia entre el conservadurismo
de los mayores y la iconoclastia de los jóvenes se mostró insalvable.
Dos legendarias composiciones de Bob Dylan lo describen con
acierto, aunque apuntan a algo mucho más grande que este
enfrentamiento de los jóvenes con los mayores:
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Reunios gente y venid
Dondequiera que vayáis
Admitid que las aguas
Han crecido a vuestro alrededor
Aceptad que pronto
Estaréis calados hasta los huesos
Si tu vida
Merece la pena
Empieza a nadar
O te hundirás como las piedras
Porque los tiempos están cambiando
Venid padres y madres
A lo largo del país
Y no critiquéis
Lo que no podéis entender
Vuestros hijos e hijas
Están fuera de vuestro control
Vuestros viejos caminos
Se ven obsoletos
Por favor apartaos del nuevo
Si no podéis ayudar
Porque los tiempos están cambiando
"The Times They Are A-Changin'",
Bob Dylan, copyright (c) 1963, renovado en 1991 |
Sin embargo, sería demasiado simplista pensar en términos
de un inevitable conflicto generacional entre autoridad y rebelión,
experiencia e ingenuidad, límites y expansión,
responsabilidad y libertad. Hay ciertos determinantes biológicos
que aseguran que cuando somos jóvenes tenemos más
energía física, y psicológicamente podemos
tener menos rigidez y prudencia a la hora de expresarnos, porque
el ego no ha establecido todavía hábitos y defensas.
Repetidas confrontaciones con los límites del mundo material
pueden también, aunque no siempre, jugar su papel a la
hora de hacernos más precavidos ante la toma de riesgos
cuando somos más mayores.. La polaridad arquetípica
del senex y del puer aeternus refleja este proceso inherente
de la vida. Pero más allá de los factores generales,
la situación es más complicada de lo que parece.
No sólo los individuos pueden romper el molde, también
generaciones enteras. El rostro del senex puede revelarse en
los jóvenes, mientras el del puer puede hacerlo en los
más mayores.
Aquellos que hayan visto la serie de televisión “Absolutely
Fabulous” adivinarán en el carácter de Edina
una caricaturesca exageración de la generación
del “flower power” que dominó los levantamientos
sociales de los 60. Edina es una madre completamente identificada
con el lado más incontrolable del puer aeternus. Fuma
marihuana, bebe hasta la inconsciencia, se enreda en relaciones
sexuales promiscuas y por lo general desastrosas, se viste como
un mal anuncio de drogas psicodélicas, piensa y habla
de un modo que muchos asociarían con un irresponsable
adolescente egocéntrico. Puede que los astrólogos
reconozcan en ella un retrato satírico del pensamiento
revolucionario, el incurable romanticismo, y la brutal asertividad
de la generación del “yo” de la posguerra,
con Urano en Géminis, Neptuno en Libra y, sobre todo,
Plutón en Leo. En severo contraste, Saffron, la hija de
Edina, es pudorosa, seria, estudiosa y se avergüenza profundamente
de los excesos de su irresponsable madre. Saffron ni huele las
drogas, desconfía de la conducta sexual promiscua, se
viste “como una cristiana” (según palabras
de Patsy, la no menos sorprendente alter ego de Edina) y se alimenta
sensatamente. Es una realista que no se hace ilusiones sobre
la naturaleza humana, y no pierde el tiempo fantaseando acerca
de cómo podría ser el mundo. Sus pies están
tan firmemente plantados en el suelo que es terrible e irremediablemente
aburrida. Aquí los astrólogos reconocerán
la sátira del pragmatismo, cinismo y brutal honestidad
de la generación nacida con Neptuno en Escorpio y Urano
y Plutón en Virgo.
Esta relación madre-hija nos presenta una inversión
de los papeles que le aporta a la serie su gancho y su humor;
y, aunque cómicamente exagerada, es un retrato peculiarmente
auténtico de una dinámica particular que se dio
entre dos generaciones en la segunda mitad del siglo XX. Están
divididas no cronológicamente, sino por sus actitudes.
Aquí son los mayores, y no los jóvenes, quienes
se revelan contra las limitaciones del código senex. Si
queremos entender los conflictos, a veces inevitables, que se
ponen en marcha entre padres e hijos, los grupos generacionales
deben observarse no meramente desde la perspectiva de la edad,
sino también desde la de los valores. Una generación
no se define sólo temporalmente. También exhibe
percepciones, respuestas, actitudes, y necesidades inherentes
que la hacen única. Cada generación refleja la
cualidad, no la cantidad, del tiempo en que nace.
¿Cuánto dura una generación? Una generación
biológica puede estar entre quince y ochenta años
aparte de la generación previa; estamos hablando de las
extravagancias de la procreación cuando juzgamos una generación
en estos términos. Hay quien tiene hijos en la adolescencia;
otros esperan hasta los 30 o los 40; algunos hombres empiezan
una segunda o tercera familia a sus 60 o 70 años; con
la aparición de la Viagra, es posible incluso a los 80;
y con la posibilidad de congelar esperma por un período
indeterminado, puede que no haya ningún límite,
y un hijo póstumo puede ser engendrado por un padre que
murió hace ya un par de siglos. Los abuelos pueden ser
mayores o jóvenes, y es factible, si uno empieza a moverse
pronto, ser bisabuela a los 45. Pero si analizamos las generaciones
según las cualidades que encarnan, necesitamos servirnos
de la visión más amplia que proporciona el modelo
astrológico, y considerar los planetas exteriores y sus
ciclos.
Urano, Neptuno y Plutón retratan en la carta natal tres
grupos generacionales diferentes aunque superpuestos, reflejando
anhelos y necesidades básicas inherentes a la conciencia
colectiva durante el período en que cada planeta transita
un particular signo zodiacal. Cada uno de nosotros pertenece
a una generación de Urano, una de Neptuno y otra de Plutón.
Y tenemos más en común con la generación
de Urano que vivió hace 84 años que con aquellos
que han nacido sólo siete años antes. Igualmente,
tenemos más en común con la generación de
Neptuno que vivió hace 178 años que con los que
nacieron hace 14. Y tenemos más en común con la
generación de Plutón que nació hace 246
años que con los que nacieron con Plutón en signos
adyacentes al nuestro. Estos planetas nos proporcionan un complejo
mapa de las cualidades cíclicas del tiempo y la pauta
de crecimiento de la unidad más grande a la que pertenecemos.
También nos hablan de cómo nuestra particular generación
de Urano percibe y persigue el progreso, de aquello que nuestra
particular generación de Neptuno idealiza como el camino
de redención, y cómo nuestra particular generación
plutoniana se desenvuelve cuando siente su supervivencia amenazada.
Más allá de nuestro sistema de valores personales
y las cualidades de nuestro carácter, pertenecemos a grupos
más grandes que perciben la evolución, la salvación
y la transformación de maneras diferentes. Cuando respondemos,
no individualmente sino como unidades de un conjunto, lo hacemos
a través de los planetas exteriores de la carta. Estas
respuestas serán relativamente conscientes y en armonía
con nuestros valores individuales, dependiendo de cómo
se asienten los planetas en nuestra carta; pero también
pueden ser relativamente inconscientes o estar en abierto conflicto
con todo lo que creíamos pensar. Nos podemos sentir sorprendidos,
colapsados, incluso desbordados y fragmentados cuando estos niveles
colectivos profundos se activan.
Conviene apuntar que aunque Bob Dylan fue
catapultado a la prominencia como uno de los mayores profetas
de su generación durante la gran conjunción de
Urano y Plutón en los 60, Dylan no había nacido
bajo esa conjunción. Nacido en 1941, pertenecía
a un grupo generacional que tenía Neptuno a finales
de Virgo en trígono a Urano en Tauro. Al tener planetas
personales involucrados como la Luna, Júpiter y Saturno
a finales de Tauro y el Sol a la entrada de Géminis
en conjunción con su Urano natal y en trígono
a Neptuno, y su Mercurio a finales de Géminis en cuadratura
a Neptuno, aseguraban su capacidad para traducir la visión
de su generación en una obra creativa muy personal.
El marco temporal no fue accidental; Dylan entró en
su período de mayor creatividad y popularidad cuando
la conjunción Urano-Plutón transitó sobre
su Neptuno natal, haciendo trígono a la Luna, Saturno,
Júpiter, Urano y Sol, sacando a la luz el potencial
inherente a esa configuración natal. En otras palabras,
las necesidades colectivas de los 60 encajaban perfectamente
con los valores colectivos inherentes a la generación
de Dylan, y así su poesía y su música
se convirtieron en un vehículo para ambas. Este importante
trígono entre Neptuno y Urano que se dio al principio
de los 40, común también a John Lennon, Paul
McCartney y Mick Jagger, parece reflejar una visión
de progreso que abarcaba no sólo el cambio político
y social sino también el espiritual. El hecho de que
esta configuración que se movió de un signo de
Tierra a un signo de Aire, dominara todo el período
de la II Guerra Mundial puede parecer extraño frente
a la promulgación de paz, igualdad y espiritualidad
que expresaron estos profetas generacionales, especialmente
Lennon en su tema “Imagine”. Pero el III Reich
de Hitler fue también el reflejo, aunque malicioso y
distorsionado, de una visión para el cambio socio-político
combinado con una aspiración espiritual. Jagger, con
el Sol y Plutón en conjunción en Leo, quizá esté más
cercano a estos elementos más oscuros en su generación,
como se demuestra en la canción “Sympathy for
the devil”.
Quizá lo más fundamental que estos iconos generacionales
comparten sea el emplazamiento de Plutón en Leo. En términos
generales, el paso de Plutón desde Cáncer a Leo
supuso un cambio profundo en los mecanismos de supervivencia
del colectivo; y este cambio planetario es quizá el significador
astrológico por excelencia de una inevitable colisión
entre los grupos generacionales de padres e hijos. Aquellos nacidos
con Plutón en Cáncer tienden, instintivamente,
a percibir su supervivencia como algo dependiente de la familia,
la comunidad, los lazos nacionales que proveen con un sentido
de pertenencia emocional, de continuidad y seguridad. Éstos
eran los que estaban listos para ir a la guerra y morir por su
rey y su patria incluso aunque, individualmente, la guerra no
tuviera sentido alguno. Aquellos nacidos con Plutón en
Leo instintivamente perciben que su supervivencia depende de
una individualidad agresiva y de una autoexpresión determinista
ante la oposición. Entre estos están los individuos
que, ya fuera por egocentrismo arrogante o por una percepción
intuitiva del poder individual para crear una realidad diferente,
tomaron sus propias decisiones sobre su destino personal y se
negaron a luchar en Vietnam.
Bob Dylan nació el 24 de mayo de
1941, 9:05 pm en Duluth, Minnesota, USA.
John Lennon nació el 9 de octubre de 1940, 6:30 pm, Liverpool.
Paul McCartney nació el 18 de junio de 1942, 2:30 am,
Liverpool.
Mick Jagger nació el 26 de julio de 1943, 6:30 am, Dartford.
Cuando nacieron los dos últimos, Urano se había
movido de Tauro a Géminis pero aún estaba en trígono
a Neptuno, además de hacer un sextil a Plutón en
Leo.
Otras configuraciones planetarias entre padres
e hijos
Explorar las pautas de las generaciones astrológicas
nos podría llevar a muchas esferas de interacción
humana, y un sólo artículo no puede hacer justicia
a la profundidad y complejidad del tema. Sin embargo, tocaré una
de las más valiosas áreas de información
que la perspectiva de las generaciones astrológicas puede
ofrecer, la interacción de los planetas exteriores en
las cartas de la relación entre padres e hijos. Pueden
reflejarse algunos asuntos difíciles a través de
los aspectos conflictivos entre los planetas personales, profundas
dicotomías en valores y actitudes personales. El Marte
de un hijo en oposición a la Luna de su padre puede degenerar
en un enérgico conflicto de voluntades, y quizás
en violencia en algunos casos; pero estos conflictos son únicos
de estas dos personalidades y no invocan fuerzas colectivas más
profundas. Y cierta resolución es posible si el padre
llega a entender que su hijo es un individuo único con
una asertividad distinta a la suya; y si el chico, cuando sea
más mayor, puede ejercer la misma objetividad acerca de
las necesidades y actitudes emocionales de su padre.
Otros asuntos difíciles entre padres e hijos se dan cuando
hay aspectos entre Saturno y Quirón. El primero describe
una dinámica arraigada en mecanismos de defensa personal;
el último, aunque apunta a temas colectivos, también
actúa a través de defensas personales frente al
dolor. La Luna de una niña en cuadratura al Saturno de
su madre puede sugerir un claro enfriamiento que entorpece su
relación emocional. Puede resolverse en parte si la madre
reconoce la ansiedad y la envidia que su hija despierta en ella;
y si la niña, cuando sea más mayor, puede trascender
su sentimiento de rechazo para ver el significado más
profundo de las expectativas aparentemente imposibles de su madre.
El Sol de un chico en conjunción al Quirón de su
padre describe heridas y malentendidos mutuos; aquí la
resolución es posible si el padre se enfrenta a sus propios
sentimientos de inadecuación y a sus heridas; y si el
chico, cuando crezca, puede reconocer a su padre como un ser
humano ordinario con sus fallos que arrastra heridas infligidas
por un mundo mucho más grande que la familia.
Sin embargo, algunos temas son más
profundos y más grandes que la interacción de
personalidades individuales, y la resolución depende
de una perspectiva mucho más amplia. Un niño
puede parecerle a su padre no sólo un individuo, sino
el representante de una vasta fuerza colectiva que puede resultar
una amenaza para todo lo que el padre defiende y cree como
ser individual.Y cuando es el padre el que encarna el poder
y la visión de toda una generación, el niño
puede sentirse aterrado y desbordado. Padres e hijos pueden
interactuar asimismo a través de los aspectos entre
los planetas exteriores de las dos cartas. En tales casos,
ambos defienden el poder colectivo de sus grupos generacionales
y pueden tener dificultades en percibirse como individuos a
no ser que haya planetas individuales envueltos en la configuración.
Cualquiera que haya comparado las cartas de generaciones sucesivas
en una familia habrá notado la frecuencia de los contactos
-especialmente los aspectos más dinámicos- entre
planetas exteriores y personales en las cartas natales. Estos
contactos tienen a menudo sólo un grado de orbe. Se
le puede perdonar a una por sentir que hay método en
esta locura cósmica, y que cuando tales aspectos aparecen
entre padre e hijo, o abuelo y nieto; alguna pauta evolutiva
más profunda está en funcionamiento que envuelve
al grupo tanto como al individuo. La psicología reductiva
individual puede que no llegue a penetrar en el significado
de las respuestas que son activadas, puede que tengamos que
expandir nuestros modelos psicológicos para entender
lo que está pasando..
Hay también dimensiones individuales
de estos contactos. Los aspectos cruzados entre los planetas
exteriores de una carta y los personales de otra se pueden
entender en parte a través de los principios básicos
de la sinastría. Por ejemplo, si el Urano de una niña
está en conjunción al Sol de su padre en Géminis,
la naturaleza curiosa, inquieta y extrovertida de él
activarán el espíritu de originalidad y progreso
en ella -no siempre de un modo agradable- mientras ella, en
cambio, puede convertirse -de nuevo, de manera incómoda-
en la fuente del despertar creativo de su padre. La energía
disruptiva y electrificante de este aspecto entre padre e hija
sería evidente desde la tierna infancia, y podría
ser enormemente creativo e intelectualmente estimulante, así como
conducir al alienamiento. Si una madre tiene Marte en Libra
en conjunción al Plutón de su hija, la madre
encontrará el inmovilismo emocional y la obstinación
de su hija frustrantes, a veces desquiciantes, mientras que
la hija puede sentirse seriamente amenazada por lo que ella
percibe como la agresión de su madre. La energía
explosiva de este contacto también sería patente
desde la infancia, y conflictos de poder entre madre e hija
serían inevitables -aunque ambos puedan, con cierta
perspectiva, ayudarse mutuamente a ser más honestos
sobre sus deseos y necesidades emocionales.
Esta interpretación de los aspectos, aunque útil
y valiosa, no llega demasiado lejos. Aquí está sucediendo
algo más que una persona interactuando con la otra. Una
persona interactúa con una generación al completo,
representada por el individuo cuyo planeta exterior está envuelto
en el aspecto. La niña con su Urano en Géminis
en conjunción al Sol de su padre le zarandeará y
le hará pensar sobre la vida de modo diferente, no sólo
porque él la percibe como inventiva y rebelde, sino porque,
para él, ella representa el enorme poder de una generación
cuya percepción de la evolución humana depende
del derribo de la rigidez de estructuras intelectuales obsoletas
y superadas. La madre cuyo Marte en Libra está en conjunción
con el Plutón de su hija puede sentirse desbancada y decidir
enfrentarse, no sólo porque percibe a su hija como intensa
e inflexible, sino porque esa niña tiene a sus espaldas,
como si de un ejército invisible se tratara, una generación
entera cuya supervivencia depende de imponer un tipo particular
de ideales de justicia e igualdad en las relaciones humanas.
La presión incansable de Plutón no refleja el deseo
de poder de la niña sino la necesidad de fondo de un colectivo
que no puede tolerar la mínima desviación de lo
que considera necesario si quiere evitar su extinción.
Podemos explorar brevemente una demostración de este
tipo de dinámica generacional entre padres e hijos a través
de un ejemplo. Aunque sus cartas se han utilizado hasta la saciedad,
la familia real británica siempre es útil en este
sentido, porque las horas de nacimiento están documentadas
por muchas generaciones. Naturalmente, necesitamos trabajar con
las cartas de nuestra propia familia para hacernos una idea más
clara de las dinámicas generacionales, porque es desde
la experiencia personal y la tradición familiar que las
pautas generacionales más profundas se hacen más
visibles.
Tramas generacionales
en la familia real
británica
Poderosos aspectos generacionales pueden darse no sólo
entre padre e hijo, sino entre el progenitor y el individuo que
su hijo, cuando crece, elige como pareja. Lo que la psyque familiar
necesita pero no tiene entre sus miembros, tiende instintivamente
a atraerlo a través del matrimonio, para que sus mitos
y complejos puedan evolucionar y trabajarse. Por ello es importante
que, al examinar cartas familiares, se incluya no sólo
la línea de sangre, sino también los compañeros.
En favor de la claridad y la concisión solamente listo
a continuación los emplazamientos relevantes en las cartas
de unos pocos miembros de la familia real, en vez de reproducirlos
en su totalidad.
La Familia Real Británica
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Rey George VI
Plutón 11º 34' Géminis
Neptuno 16º 30' Géminis
Urano 22º 07' Escorpio
Luna 24º 51' Escorpio
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Reina Elizabeth, la Reina Madre
Plutón 17º 21' Géminis
Neptuno 28º 20' Géminis
Urano 8º 31' Sagitario
Luna 20º 24' Escorpio |
Reina Elizabeth
II
Plutón 12º 42' Cáncer
Neptuno 22º 02' Leo
Urano 27º 21' Piscis
Saturno 24º 26' Escorpio
MC 25º 33' Escorpio
|
Príncipe Charles
Plutón 16º 33' Leo
Neptuno 14º 07' Libra
Urano 29º 55' Géminis
Sol 22º 25' Escorpio
Quirón 28º 13' Escorpio
|
Princesa Diana
Plutón 6º 02' Virgo
Neptuno 8º 38' Escorpio
Urano 23º 20' Leo
Luna 25º 02' Acuario
Venus 24º 23' Tauro
|
Príncipe
William
Plutón 24º 09' Libra
Neptuno 25º 32' Sagitario
Urano 1º 29' Sagitario
Quirón 25º 39' Tauro
Venus 25º 39' Tauro
Ascendente 27º30' Sagitario
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Fechas completas de nacimiento para los miembros
de la familia citados: Reina Isabel II, 21 de abril de 1926,
2:40 am, Londres. Rey Jorge VI, 14 de diciembre de 1895, 3:05
am, Sandringham. Reina Isabel la Reina Madre, 4 de agosto de
1900, 11:31 am, St. Pauls Walden. Príncipe Carlos, 14
de noviembre de 1948, 9: 14 pm, Londres. Princesa Diana, 1 de
julio de 1961, 7:45 pm, Sandringham. Príncipe Guillermo,
21 de julio de 1982, 9:03 pm, Londres.
Hay contactos que inevitablemente implican los planetas exteriores
entre la carta de la Reina y la de su padre, el Rey George VI; él
tenía una conjunción de Urano en 22º 07 de
Escorpio y la Luna en 24º 51 de Escorpio y esta conjunción
está en cuadratura al Neptuno en 22º 02 de Leo de
la Reina. La Reina tiene asimismo Saturno en 24º 26 de Escorpio
junto a su Mediocielo en 25º 33 de Escorpio ambas en conjunción
al Urano de su padre. Podemos especular sobre los asuntos personales
descritos por el contacto Saturno-Mediocielo-Luna en las dos
cartas, y deducir que la relación emocional entre la Reina
y su padre fue fría pero indestructible, y que un fuerte
sentido de la responsabilidad y un poderoso aunque tácito
compromiso con el deber y la obligación social sustituyeron
el simple afecto y el intercambio emocional espontáneo.
Pero también tenemos dos planetas exteriores en cuadratura.
Esto es más difícil de entender así como
de explicar en unas pocas palabras. Urano en la carta del Rey
George está en cuadratura exacta al Neptuno en la carta
de la Reina Elizabeth. El espíritu de progreso, para aquellos
nacidos con Urano en Escorpio, busca su expresión a través
de la destrucción compulsiva y la reconstrucción,
a través de la movilización del instinto de supervivencia
ante aquello que amenaze la vida, y a través de la valentía
en los estragos de la batalla. Donde no se encuentra una batalla,
se crea; en el caso del Rey, había suficientes batallas
en el mundo exterior para complacer la visión catártica
de la evolución de cualquier Urano en Escorpio. En severo
contraste, el sueño de redención para los nacidos
con Neptuno en Leo, se expresa a través de un mundo fantástico
donde todo es brillante y bello, y donde la propia vida es a
la vez un acto de sacrificio y un símbolo de la autoridad
divina para otros, también bajo Neptuno, que buscan escapar
de sus ordinarias vidas. La Reina comparte y encarna perfectamente
los míticos anhelos de su propia generación. No
es sorprendente que no quiera deshacerse de ellos.
Aquí dos generaciones colisionan: la mayor, que vivió dos
guerras mundiales e hizo una ideología del enfrentameinto
con la cruda realidad y de la construcción sobre las cenizas
de lo que había sido destruido; y la joven, que prefería
dar la espalda a la desoladora dureza del mundo y perseguía
una visión de cuento de hadas de esplendor y de derecho
divino de la monarquía. Una cuadratura así entre
padre e hija, a no ser que se vea reforzada por planetas personales,
puede que no estalle en un conflicto personal. Ahí va
el refuerzo: la Luna del Rey en cuadratura al Neptuno de la Reina,
y su Urano en conjunción al Saturnode ella. Él
ha debido de parecerle emocionalmente estático y compulsivamente
depresivo. Ella ha debido parecerle incomprensible a él
-y quizá también a la madre, que tiene asimismo
la Luna en Escorpio- porque la Reina es el vehículo para
los sueños grandiosos y caballerescos de toda una generación.
Esa generación está segura de su papel espiritual
especial, enamorada de un código de honor y majestad que,
al tiempo que bello y noble, está muy desconectado de
las tribulaciones de la vida diaria y de las tendencias igualitarias
de los actuales tránsitos de Urano y Neptuno por Acuario.
Cuando Neptuno transitó Leo, el mundo clamaba por glamour
y magnificencia, y necesitaba modelos deslumbrantes; ésta
fue la era de las grandes estrellas del cine de Hollywood. El
Rey George VI pudo encontrar a su hija extrañamente arrogante
y alejada de lo mundano, no por ningún fallo en su carácter
sino por algo diferente, algo pervasivo y poderoso y universal,
canalizado a través del realismo personal y la tenacidad
de su Sol en Tauro y su Ascendente en Capricornio.
Algo profundamente inteligente parece estar detrás de
las pautas familiares que implican a planetas exteriores. El
Príncipe Charles nació con el Sol en 22º 25'
de Escorpio en conjunción a Quirón en 28º 13'.
La conjunción casi exacta entre su Sol y la Luna de su
abuela explica su cercanía emocional. La conjunción
entre su Sol y el Saturno de su madre refleja el gran peso de
las expectativas que ella tiene de él, y hasta qué punto
eso limita y da forma a su destino. Pero el príncipe Charles
también tiene un poderoso contacto con un planeta exterior
de su abuelo al que sólo conoció de niño:
el Sol de Charles está en conjunción exacta al
Urano de su abuelo. Charles, como individuo, encarna esa búsqueda
de la verdad oculta que la generación de Urano del Rey
persiguió como una visión colectiva de progreso. Él
es, de alguna manera, la culminación en términos
personales, de los esfuerzos de la generación de su abuelo.
Pero la conjunción Sol-Quirón de Charles en Escorpio
también cuadra al Neptuno de la Reina. No nos debería
coger por sorpresa que Charles haya buscado el camino de su propio
desarrollo, intelectual, emocional y sexualmente hablando; de
maneras que han debido parecerle amenazadoras al sueño
neptuniano de su madre.
Charles, por el contarrio, debe de sentirse confundido, desplazado
y quizás sutilmente manipulado por su madre, y profundamente
irritado por su insistencia en aferrarse a un ideal que, para él,
ya no es válido en el mundo actual. La Reina pertenece
a un grupo generacional comprometido con una gloriosa visión
redentista de grandeza y nobilidad. Charles también tiene
a Plutón 16º 33' de Leo. No es una conjunción
apretada con el Neptuno de la Reina, pero es una conjunción
a tener en cuenta. Hay algo en Charles que comparte con su generación
de Plutón: un instinto de supervivencia que deriva de
un sentido interno de distinción y la profunda convicción
de que la voz individual tiene peso. En este aspecto, él
siente instintivamente lo que su madre siente, no como un ideal
romántico, sino como una necesidad -aunque la cuadratura
entre su propio Plutón y su Sol sugieren que él
se siente en conflicto con su grupo generacional tanto como con
el de ella. Tiene más en común con su abuelo que
con su propia generación.
Quizá en algún nivel inaccesible, Charles no se
veía capaz de defender esa visión de “noblesse
oblige” que admira Neptuno en Leo. Su Plutón natal
le empuja a la colisión. Así que eligió (o
eligieron para él, pero sin duda aceptó) una pareja
cuyo acervo planetario anadía suficiente carga al de él
para retar el sueño generacional de su Neptuno materno.
La Princesa Diana tenía su Urano en 23º 20' de Leo,
en conjunción al Neptuno de la Reina. Parece que era inevitable
que estas dos mujeres polarizaran las voces de sus respectivas
generaciones, así como la determinación con que
se percibían como enemigas. Neptuno en Leo sueña
con la redención a través de una apasionada visión
de un mundo más noble, más elevado. Urano en Leo
percibe el progreso humano en términos de la capacidad
del individuo para derribar las estructuras dominantes al uso
y liberar el potencial creativo para el grupo. La Luna de Diana
en 25º de Acuario y su Venus natal en 24º 23' de Tauro
describen su particular conflicto interno con el ideal autodeterminista
de su generación de Urano. Pero al combinar la explosiva
combinación de planetas en Escorpio de Charles y la cuadratura
en T de Diana, en conflicto con el Neptuno de la Reina, el annus
horribilis toma un matiz totalmente distinto. Para la Reina,
este matrimonio debe de haber representado el heraldo de la desintegración
de sus más anheladas fantasías de redención,
y la generación de Diana debe de parecerle una guerrilla
dispuesta a aguarle la fiesta y destruir los últimos vestigios
de privilegio y dignidad reales.
Sin duda, el Príncipe William continuará con esta
pauta generacional, que apunta a un largo y lento proceso evolutivo
abriéndose paso a través de los siglos. Los planetas
exteriores de William están inextricablemente unidos a
los planetas personales de sus padres; su Neptuno en conjunción
al Ascendente en 25º 32' y 27º 30' de Sagitario respectivamente,
están en conjunción al Marte y el Júpiter
de su padre y al Ascendente de su madre. Parece que sus padres
encarnan, a un nivel personal, ese anhelo por la iluminación
espiritual y esa búsqueda de significado que es la esencia
del sueño de redención de la generación
de Neptuno en Sagitario. Las actividades del tipo Nueva Era de
Charles y Diana se acomodarían perfectamente con la generación
de su hijo. Pero William tiene también Venus y Quirón
en conjunción exacta en 25º de Tauro, y sus valores
personales, desarrollándose en parte a través de
penas y dolor, están en conflicto tanto con la visión
colectiva romántica de su abuela, como con la feroz autoexpresión
colectiva de su madre, o con el instinto de supervivencia colectiva
de su padre. El Neptuno en Sagitario de William está en
trígono al Neptuno en Leo de su abuela, y ambos comparten
el sueño de los signos de fuego de un mundo mejor, más
generoso, más noble. Pero para William ese mundo puede
hallarse tras una búsqueda espiritual y moral, y no a
través de la afirmación de privilegios personales.
Entablando amistad con los planetas
exteriores
En los viejos tiempos, los astrólogos solían considerar
los planetas exteriores como “notas mudas” en la
carta, no eran importantes, ni se les creía relevantes
para la vida del individuo. Ahora sabemos que no es así,
y los astrólogos que estudian tendecias colectivas saben
cúan importante es la voz de la psique colectiva en términos
del destino individual. Cuando los planetas exteriores están
ligados a los planetas personales en la carta, el individuo es,
más que otros de su generación, un portavoz del
colectivo. Esta persona tiene que aprender a crear vehículos
adecuados para esa visión colectiva, a la vez que mantiene
su integridad individual y un ego suficientemente fuerte como
para procesar las energías colectivas a través
de sus experiencias, aptitudes y valores personales. Aquel cuyo
ego no pueda contener estas cosas puede verse abrumado por las
fuerzas que reflejan el zeitgeist (la cualidad del momento) bajo
el que nació, en ocasiones alcanzando una gran expresión
creativa y en otras desintegrándose en psicosis, o ambas
la vez. El niño que lucha contra su generación,
y trata de suprimir la entidad mayor a la que pertenece, puede
igualmente sufrir. Como consecuencia puede tener un sentimiento
de profundo aislamiento. También puede que se den erupciones
internas y externas muy poderosas que dejan al individuo totalmente
vulnerable frente a las fuerzas del cambio. Los contactos entre
padre e hijo que envuelven planetas exteriores sugieren que pueden
ayudarse mutuamente a reconocer y desarrollar los talentos y
las percepciones de sus distintas generaciones, contribuyendo
así positivamente a un proceso evolutivo en que a ambos
se les pide participar, lo quieran o no.
Por desgracia, tales contactos acaban convirtiéndose
en una furios batalla que se puede achacar a factores personales.
Quizá fuera muy inapropiada la reacción de la Reina
de culpar a Diana personalmente por su rebelión contra
el status quo real; Diana fue portavoz de su generación,
y aquellos nacidos con Urano en Leo no se dejan llevar fácilmente
por los sueños neptunianos. Pueden compartir la visión
creativa leonina, pero estos dos planetas encarnan significados
opuestos y reflejan, respectivamente, una percepción intelectual
y emocional de una misma dimensión de la vida. Neptuno
busca la fusión con una entidad más grande a través
de la idealización y del autosacrificio; Urano busca el
progreso a través de la creación de nuevas ideologías.
Si un padre quiere ayudar a su hijo cuando se dan esos contactos
entre las cartas, es importante que reconozca no sólo
la individualidad del niño sino lo que representa como
símbolo de una generación entera. El padre sabio
animará a su hijo a que encuentre vehículos apropiados
con los que expresar los sueños y necesidades colectivas,
y no reaccionará ciegamente ante lo que se percibe como
una amenaza, ni se identificará con lo que percibe como
la apoteosis de los sueños de su generación. Un
buen ejemplo de esto último es el contacto entre la conjunción
de Neptuno y Plutón en Géminis de Joseph P. Kennedy
y el Sol de su hijo en Géminis. John F. Kennedy (*) era
percibido por su padre como la encarnación de la visión
generacional de redención y continuidad a través
de la educación, la movilidad social y el poder político
de Papa Joe. El resultado inevitable fue que John F. Kennedy
nunca pudo ser él mismo, excepto en el contexto de las
ambiciones de su padre, no ya personales, sino generacionales.
*Ver también “The oracle and the
family curse” para un análisis de las cartas de
la familia Kennedy.
Hace falta investigar mucho más para entender del todo
estos grandes demonios colectivos que fluyen a través
de las generaciones, en base a los contactos de los planetas
exteriores en las cartas de una familia. Y no se acaba todo con
la carta natal. Los significadores generacionales no sólo
se conectan entre padres e hijos; también se movilizan
en un momento determinado ante los tránsitos de los planetas
exteriores, y durante esos períodos en que los ciclos
confluyentes de dos o tres planetas alcanzan un punto crítico.
Por ejemplo, cuando el Príncipe Charles y la Princesa
Diana rompieron su matrimonio, Plutón transitaba por Escorpio,
activando no sólo sus planetas personales, sino también
el Neptuno de la Reina. Para la generación de la Reina, éste
fue un momento de crisis y desilusión. La tendencia a “sacar
trapos sucios” de Plutón en Escorpio metiéndose
con todas las esferas en que la deshonestidad emocional amenaza
la supervivencia, forzó a los nacidos bajo la visión
redentora de Neptuno a enfrentarse, por fin, con la distancia
insalvable entre su visión y la realidad de la naturaleza
emocional y sexual humana.
Como individuos, no podemos controlar o frenar tales movimientos
colectivos. Participamos de ellos lo queramos o no. Pero podemos
elegir participar creativa o destructivamente. Nos podemos sentir
víctimas involuntarias de malévolas fuerzas externas.
Nos podemos dejar llevar por los sueños colectivos y convencernos
de que somos la encarnación del cambio inspirado por las
deidades. O podemos intentar la tarea más dura, más
humilde de refinar nuestro carácter y talentos para hacer
de mediadores, contribuyendo lo mejor que podamos al desarrollo
positivo de lo que es esencialmente una necesidad humana. Necesitamos
tener suficiente consciencia de dónde nuestras personalidades
individuales se confunden con algo más grande, para crear
algo válido y que mejore la vida a partir de nuestras
compulsiones y necesidades generacionales. Asimismo hemos de
ofrecer suficiente sabiduría a nuestros hijos y honrar
sus sueños generacionales. Como astrólogos puede
que nos relacionemos mejor con aquellos clientes cuyos planetas
exteriores estén en armonía con los nuestros. Si
tenemos Plutón en Leo, podemos relacionarnos mejor con
los jóvenes que tienen Plutón en Libra que con
aquellos que lo tienen en Virgo, y puede hacerse muy difícil
simpatizar con las energías del grupo de Plutón
en Escorpio, que podemos percibir como amenazantes. Neptuno en
Libra se entiende mejor con Neptuno en Sagitario que con Neptuno
en Escorpio, y Neptuno en Escorpio se lleva mejor con Neptuno
en Capricornio que con Neptuno en Sagitario. Ya seamos padres
o astrólogos, o ambos, el abismo generacional seguirá existiendo,
no porque el desacuerdo entre jóvenes y mayores sea inevitable,
sino porque los grandes ciclos colectivos requieren de una visión
diferente en cada momento. Puede que nunca compartamos personalmente
las visiones de otras generaciones, pero al menos aprendamos
a reconocer que son una parte esencial de la evolución
de la vida.
Traducción al Español:
Asun Henares
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